miércoles, 15 de enero de 2014

Segunda sesión de exposiciones. Cataluña.

En la clase de hoy se han tratado dos temas. Uno Brasil como país emergente, expuesto por mi grupo y al que le dedicaré una entrada posterior tratando de resumir nuestro trabajo, y el otro Cataluña y su proceso de independencia. 

En esta entrada me centraré en el tema catalán llevando a cabo una reflexión de lo tratado en clase. No trataré de resumir el trabajo de mis compañeros, como si puedo hacer con otras exposiciones, sino que daré mi opinión a cerca del tema. 

Es evidente que Cataluña está viviendo un momento histórico, seguramente sin precedentes desde el final del franquismo y de la transición democrática. Se podrían hacer numerosas reflexiones, sin embargo me centraré en dos: ¿tiene derecho Cataluña a independizarse? y ¿qué sería de Cataluña fuera de la U.E.? A continuación trataré de responder a ambas preguntas.


Lo contemple o no la Constitución Española y otras "cartas magnas" de nuestro entorno, el derecho a la autodeterminación de los pueblos, sin excluir una posible separación, debería ser un derecho universalmente reconocido. Que no se permita ese derecho, o incluso se haga referencia a las fuerzas armadas para impedirlo, como reza el artículo 8 de la constitución española no es, precisamente, una gran muestra de democracia. Una carta magna que aparece como un muro infranqueable cuando se plantea cualquier reforma progresista, pero que se modifica en apenas unas semanas para atender los requerimientos de la Unión Europea, como ocurrió en 2011 con el artículo 135, para garantizar, supuestamente, la estabilidad presupuestaria. Las encuestas lo dicen claramente, más del 70 % de la población catalana apoya la celebración de una consulta democrática e incluso un estado propio (Baviera o California también son estados…), sin que ello signifique necesariamente dar su apoyo a la independencia. 

No hay duda alguna de que detrás de estos claros posicionamientos hay presiones por parte del gobierno de Rajoy que, evidentemente, va a utilizar toda la maquinaria del estado para poner frenos a la posibilidad de que los catalanes puedan decidir sobre su futuro. Pero el posicionamiento de la comisión no se basa solamente en esas presiones. 

La gran burguesía internacional, el capitalismo mundial, no está por la creación de nuevas soberanías que puedan suponer un obstáculo a su enorme poder y poner nerviosos a los mercados, o sea, a la estabilidad que tanto interesa a sus beneficios. En cierta forma, la demanda de soberanía por parte de Catalunya, nada a contracorriente dentro de la dirección que impone el capitalismo en su fase actual de desarrollo, ya que el proceso que éste impulsa es hacia la desaparición de la más mínima expresión de cualquier tipo de soberanía y no hacia la creación de nuevas.

La existencia de naciones sin estado dentro de la Europa actual es el producto de una tarea capitalista no resuelta a su debido momento. Es un problema que creó el capitalismo durante la época de sus revoluciones burguesas. Lo creó para facilitar precisamente esas revoluciones, pero en los sitios donde no se llegaron a completar, quedó esa tarea sin resolver (como en el estado español). Ya es tarde para que el capitalismo pueda dar solución a esa anomalía histórica y a día de hoy sólo es posible resolverla mediante la vía revolucionaria. 

La clase trabajadora es la única que actualmente puede poner solución a esa anomalía histórica y solamente lo puede hacer como parte de un proceso revolucionario que rompa con los límites del capitalismo. Cualquier lucha para conseguir una verdadera autodeterminación tiene que enfrentarse necesariamente al liderazgo capitalista del actual proceso y al capitalismo en su conjunto, luchando por una alternativa de democracia.


Un hecho sorprendente es que los países de la Unión Europea (UE) y los Estados Unidos (EE.UU), no hayan concedido prácticamente nunca la independencia a ninguno de sus pueblos, o incluso han librado largas y cruentas guerras de secesión como la que enfrentó a unionistas y confederales norteamericanos entre 1861-1865, y sí hayan dado un apoyo incondicional desde 1991 a la independencia de una veintena de nuevos estados de la antigua Unión Soviética, de Yugoslavia y de Checoslovaquia. Sin embargo, una cosa es debilitar o destruir el antiguo bloque del Este y otra bien distinta reconocer los mismos derechos a Puerto Rico, Irlanda del Norte, Flandes, Córcega, Euskadi, Cataluña.

La independencia de Cataluña, en comparación con los diez o doce países más pequeños de la Unión Europea, puede ser plenamente viable a nivel económico y político. Ahora bien, pensar que un estado independiente es la solución a todos los males del país, y que Cataluña puede disfrutar de una soberanía plena en el marco de una UE dirigida por Alemania y bajo los principios del Tratado de Maastrich es, como mínimo, poco realista. Ni siquiera la lengua tiene el futuro garantizado en un estado propio, como podemos comprobar con el gaélico, noventa años después de la independencia de Irlanda respecto al Reino Unido.

La internacionalización de la economía es un hecho. Y Cataluña depende, en su vida económica, de Europa. El 81,4% de las exportaciones catalanas se dirigen a Europa y el 70% de las importaciones proceden de Europa. En 2012 la inversión extranjera en Cataluña provenía en un 84% de los 27 países de la UE. Y las inversiones directas originadas en Cataluña al extranjero se dirigían en un 72% al área de la UE.


Cataluña y España son, a principios del siglo XXI, más homogéneas en su base económica, en su población. Ambas son cada vez más dependientes del mercado europeo. Algo que probablemente, aunque la UE desaparezca en su forma actual, no variará. La historia económica de los últimos 50 años disminuye las diferencias nacionales entre ambas, no las aumenta.

Alemania marca la política: salvarse a costa del vecino. Exportar más que otras naciones/regiones. Aumentar tu mercado, a costa del vecino. No es pues de extrañar, que los salarios bajen a ritmo acelerado en Cataluña y en España. Que el gasto social baje en los dos sitios. Que todas las burguesías hagan recaer la crisis sobre los empleados.

El derecho a la autodeterminación debe poder ser decidido por los catalanes. Y resuelto mediante el sufragio universal. Pero una Cataluña independiente sólo lo sería formalmente. Económicamente seguiría siendo dependiente de la UE. Y debería seguir aplicando sus políticas: con una deuda pública equivalente al 26% de su PIB, la austeridad seguirá siendo la marca de la casa por mucho tiempo, independiente o no.

El referéndum es dirigido por la élite económica catalana y no tiene como objetivo resolver un problema democrático, que por otra parte niega en la cuestión social, pretende fortalecer su cuota de mercado en la UE, desgravar a las grandes fortunas más que sus vecinos para favorecer la implantación de empresas en su territorio. Supone acelerar el fin de la caja de la seguridad social, en la que aquellos que más tienen contribuyen más.

Por lo tanto, Catalunya debe ser independiente, no solamente del estado español, sino también del capitalismo. Son los partidos y los movimientos sociales los que tienen que jugar un rol importantísimo en ese proceso y arrebatarles el protagonismo a la burguesía catalana. Tanto la CUP como EUiA deberían tener esto en cuenta y aprovechar todas las ocasiones que tengan para señalar y poner encima de la mesa las contradicciones que tienen tanto CIU como ERC. 

domingo, 12 de enero de 2014

Primera sesión de exposiciones. El sistema educativo y el sistema productivo.

Marx diría que la educación es un mecanismo construido por la ideología burguesa, cuyo objetivo es el adoctrinamiento la clase obrera en la ideología dominante. Es una ideología que justifica y legitima la estructura social y económica de la sociedad. La escuela favorece la reproducción social de las estructuras desiguales económicas, sociales, ideológicas, de poder, etc. Por lo tanto, la educación está dominada por la clase social hegemónica, y se adapta a sus intereses. 

Entorno a la idea de la influencia del sistema productivo en el sistema educativo giró la exposición de nuestros compañeros el pasado jueves. Como punto de partida se escogió el Plan Bolonia previa explicación del sistema educativo español y su desarrollo en el modelo democrático español. 

El conflicto educativo en España siempre ha sido un conflicto partidista. Esto se observa en las 5 leyes orgánicas que han existido desde la transición y que se han alternado conforme han gobernado los dos partidos mayoritarios PP y PSOE. Sin embargo, todas las leyes de educación han seguido una misma linea, la linea de la privatización y los recortes. Podemos extraer la conclusión de que todas ellas están supeditas al ámbito económico. Como consecuencia de esto y al no existir una continuidad en los planes educativos se ha generado un gran descontento y desconcierto social. 

Es entonces cuando en el año 2010 se implanta en las universidades españolas el Plan Bolonia, un plan que pretende adaptar y unificar los criterios educativos en todos los centros europeos. Sus antecedentes se remontan a la década de los 80/90 cuando el Tatcherismo y su modelo neoliberal de privatización de sectores y servicios públicos así como el modelo postfordista estaba en auge. Podemos ver como este plan ,que se venía fraguando desde los años 90 y que se materializaría en el acuerdo firmado por los ministros de educación europeos en la ciudad de Bolonia en 1999, no posee una característica ideológica neutral. Sino que gira en torno a la privatización de lo público. 

Lo que supuso la puesta en marcha de este plan fue la entrada de entidades privadas en la escena educativa para financiar las universidades públicas. Además se cambio la metodología docente (preparada para realizar funciones similares a las del puesto de trabajo como la evaluación continúa y las hojas de firmas que supeditaron la actividad universitaria a cualquier otra actividad) y se crearon grados (reduciéndose de esta manera, el contenido y la variedad de asignaturas). Como consecuencia de este Plan y con la excusa de la crisis económica actual, se ha recortado el presupuesto universitario en becas y se ha llevado a cabo una brutal subida de tasas (120%). 

Debido a los ataques que ha sufrido y está sufriendo el sector educativo, se ha producido una contundente respuesta por parte de la comunidad educativa para mostrar un rechazo a los planes de ajuste del gobierno y al sistema económico actual. En los centros educativos tanto profesores como estudiantes y padres se han organizado y han impulsado numerosas movilizaciones que han llegado a paralizar el país.



En la segunda parte de la exposición, los compañeros nos hablarían de como el sistema productivo determina el sistema educativo. Es aquí donde entra la lógica como premisa de la educación como herramienta social y de la relación  entre el sistema educativo y el modelo económico. 

Aquí entraría la preparación de los estudiantes para desempeñar futuros empleos en el sector servicios o en la construcción y de los que no se requiere una gran preparación por lo que se genera mano de obra descualificada sin grandes conocimientos. Mano de obra precaria que desemboca en una división social del trabajo. Es aquí donde entraría el fracaso escolar, ya que no siempre es necesario estar cualificado para trabajar y muchos/as jóvenes abandonan sus estudios para trabajar en sectores poco remunerados y que requieren una escasa preparación. 

Como conclusión se podría decir que existen dos grandes tendencias del sistema educativo: la mercantilización y la privatización. Es el propio sistema el que nos quiere hacer ver que existe una competición entre iguales e igualdad de oportunidades cuando se sabe de sobra que es falso. Como consecuencia de esta falsa igualdad de oportunidades se desglosa a la gente atendiendo a su renta, realidad socia de cada familia, etnia, género, etc. 

De esta manera es el sistema el que se reproduce a si mismo y genera su propio ejercito de reserva. A esto habría que añadir la desigualdad de género que acentúa el sistema educativo. 

La conclusión que podría sacar de este trabajo es que la educación es un arma de dominación social. Ésta favorece la reproducción social de las estructuras desiguales económicas, sociales, ideológicas, de poder, etc. y se adapta a los intereses de la clase dominante. 

Me gustaría terminar este comentario como lo empecé, con una frase de Marx y es que "necesitamos otra educación para otra sociedad; y otra sociedad para otra educación" y esto sólo se puede alcanzar cambiando el sistema económico imperante y que oprime a un gran sector de la población. 



  

martes, 7 de enero de 2014

Cap. V La acumulación y el ejército de reserva en ‘Teoría del desarrollo capitalista’ de Paul Sweezy

En su análisis de la estructura del capitalismo, Marx se refiere a la  ‘Reproducción Simple’ como la forma más elemental en que dicha estructura se presentaría. Con este concepto  pretende explicar cómo este sistema conservaría indefinidamente las mismas dimensiones y las mismas proporciones entre sus diversas partes o, dicho en otras palabras, cómo la escala de la producción no cambiaría de un año a otro.

Dado que esta producción se divide en dos grandes ramas: producción de medios de producción y producción de artículos de consumo, para que la condición anteriormente formulada se cumpliese, sería necesario que los propietarios de los medios de producción repusiesen el capital gastado en el ejercicio económico y empleasen todo el plusvalor  en el consumo así como que los obreros emplearan  igualmente su salario en consumir. Si esto no se produjese tendría lugar una acumulación o bien un agotamiento de los medios de producción.

Así, podríamos distinguir una tercera categoría existente: el ingreso; que se divide, a su vez, en tres categorías: ingreso del capitalista para  gastar en medios de producción, plusvalor o ingreso del capitalista libre para gastar y, por último, salario o ingreso del trabajador. Estos tres ingresos existen en ambas ramas de la producción.

De este modo, el esquema del plan de producción es útil porque muestra la estructura de las interconexiones entre la producción total y el ingreso, en términos de las clases de mercancías producidas y de las funciones de quienes perciben los ingresos. Si bien, este esquema no existe en la realidad ya que “la reproducción simple” no tiene en cuenta el interés del capitalista en ampliar su capital; omite la acumulación de capital que constituye la fuerza motriz del desarrollo del sistema capitalista.

Como ya hemos mencionado, el rasgo definitorio del capitalista es su interés por acumular capital. Esto puede llevarlo a cabo convirtiendo una parte del plusvalor obtenido (ingreso del capitalista libre para gastar) en capital adicional. Su capital acrecentado le permite entonces apropiarse de mayor plusvalor, que a su vez permite ser transformado en capital adicional, y así sucesivamente. Marx a este mecanismo lo llamará la “Reproducción ampliada”.

Marx analizará la "Reproducción Ampliada" donde muestra la interrelación de las ofertas y las demandas cuando la acumulación es tenida en cuenta.La acumulación, por tanto, trae consigo un aumento de la demanda de la fuerza de trabajo, pero esto no conlleva una igualdad entre fuerza de trabajo y salario, ya que la fuerza de trabajo no se vende a su valor.La plusvalía depende de la diferencia entre el valor de la fuerza de trabajo y el valor de la mercancía que el trabajador produce. La solución de Marx a este problema es el “Ejército de reserva de trabajo”. Esta solución consiste en que mediante la competencia activa en el mercado de trabajo por obreros desocupados ejerzan una presión constante hacia abajo en el nivel del salario.El empresario reduce el salario sustituyendo empleados por máquinas. Esta solución lo enfrenta a las teorías clásicas, ya que es independiente de cualquier suposición particular sobre la población.Para Marx son las innovaciones tecnológicas las utilizadas para economizar trabajo, como se recluta el ejército de reserva, y solo por la existencia continua del ejército de reserva deben existir la plusvalía y la clase que ella sostiene.




lunes, 30 de diciembre de 2013

"El lado oscuro de la globalización" de Manuel Castells.

El texto corresponde al capítulo número cuatro del libro “En qué mundo vivimos. Conversaciones con Manuel Castells” de Mayte Pascual. Nos encontramos con un compendio llevado a cabo por la periodista Mayte Pascual, sobre la obra de Manuel Castells. En el libro, la periodista lanza varias cuestiones al famoso sociólogo, entablando una serie de conversaciones que se agrupan temáticamente, atendiendo a los grandes temas que ocupan su extensa obra. 

Antes de comentar el texto, es necesario situar al autor. Manuel Castells es originario de Hellín, Albacete. Nació en la España de la posguerra en 1942 y en la actualidad es uno de los sociólogos más importantes del mundo. Es profesor en la Universidad de California en Berkeley, así como director del Internet Interdisciplinary Institute en la Universidad Abierta de Cataluña.

El capitulo comienza con una dura crítica al sistema capitalista y a la desigualdad existente en el globo terrestre, fruto del proceso globalizatorio. La globalización posee, a la vez, un carácter excluyente e incluyente. Miles de personas que se hallaban sumidas en la pobreza han sido capaces de incorporarse al capitalismo global y mejorar su nivel de vida pero a su vez, millones de personas han quedado mucho más marginadas y están abocadas a la pobreza. Es decir, estas personas no tienen cabida en la lógica de este capitalismo salvaje.

Como paradigma de la desigualdad, la marginalidad y la pobreza, el autor nos habla de un cuarto mundo: África. Este continente es la región más apartada y endeudada de todas y a día de hoy sus cifras de subdesarrollo son mayores que en décadas pasadas. Castells trata de identificar el porqué de este problema y hablará de tres factores: el colonialismo (inventó países que no existieron, instaló a grupos corruptos en el poder en beneficio de la metrópoli, etc.), la explotación de sus recursos naturales y las dictaduras que se sucedieron en el continente. Pese a toda la pobreza registrada, en las capitales africanas, existe una minoría con un enorme poder social y económico que domina a la mayoría de la población. Es de esta elite de donde el autor extrae el término del “estado predatorio”. Este estado es la forma del estado-nación de varios países del continente africano. Castells lo definirá como “el estado que vive de la explotación sin límite de su propio pueblo, incluyendo la venta de su miseria a los donantes internacionales”. Como consecuencia de ello, surgen conflictos étnicos; para mantenerse en el poder, el estado predatorio se apoya en los grupos étnicos lo que genera una dinámica de odio étnico entre tribus. Por lo tanto, reconstruir las sociedades africanas no es posible a partir de sus propios recursos, sino que necesita inversión, conocimiento y tecnología.

En una segunda parte del texto, el autor hace un viaje desde el continente más atrasado del mundo a la principal potencia económica y tecnológica mundial, EE.UU. Desde un punto de vista crítico nos hablará de la pobreza y la desigualdad existente en un país que se tiene como referente, dado su alto nivel de desarrollo. La situación estadounidense puede resumirse en: las condiciones salariales y la estabilidad de empleo se ha deteriorado y el alto coste de seguro médico y el desgaste de la educación pública han llevado a 46 millones de personas a la pobreza. Así existen, desde hace décadas, zonas marginales en el centro de las ciudades, los famosos guetos. Estas son zonas de exclusión, pobreza y violencia en donde se observan las grandes desigualdades existentes en el país. Justamente en esos lugares, han proliferado desde la década de los ochenta las bandas callejeras. Pero la cuestión no se queda ahí, con la globalización y la ampliación de fronteras, estas bandas callejeras se han expandido por todo Norteamérica y parte de Europa. La causa del asentamiento de pandillas se debe a una crisis de valores que hacen que los jóvenes no tengan expectativas de futuro. Esta falta de valores, solamente puede ser llenada por el consumismo o el individualismo gregario, que a su vez conlleva a una mayor violencia. 

Pero no sólo es para estos jóvenes para los que no existe futuro. Hay millones de niños gozarán de él, simplemente porque se lo niegan. Casos de este tipo son el trabajo infantil, la explotación sexual infantil a través del turismo de pederastas o los niños soldado, todo ello como consecuencia directa o indirecta de la globalización capitalista. Esto se debe a la principal característica del sistema, un sistema que todo lo convierte en mercancía. Castells dirá que existe una solución para acabar con estos problemas, pero los gobiernos u organismos no actúan o en caso de actuar lo hacen de forma pasiva. Esta solución pasa por arreglar los problemas políticos e institucionales antes que los económicos o tecnológicos (corrupción, gasto militar, recaudación de impuestos, gastos públicos no superfluos, etc.). 

El autor nos hablará de una economía criminal global, con grandes redes de delincuentes, de armas, personas, órganos o drogas. Un problema relacionado directamente con esta economía criminal global es el de las mafias. Éstas se expanden por el mundo y llegan a controlar lugares que están fuera de alcance de gobiernos y policía. Diversos casos de estos se dan en Latinoamérica: México, Colombia, Brasil, etc. 

Castells concluirá hablándonos de la gran influencia que tiene el crimen organizado global en el mundo. Nos hemos llegado a familiarizar con este mundo de mafias globales. El imaginario colectivo, generalmente el masculino, hace que los individuos creen grupos para cobijarse de la hostilidad del sistema. Y que como respuesta a la violencia de ese sistema actúen con una mayor capacidad de violencia.

martes, 24 de diciembre de 2013

Compartiendo canciones

Ismael Serrano es uno de mis cantautores favoritos junto con Silvio Rodríguez. La canción que compartí en clase con los compañeros y que comparto hoy en el blog es la de "Papá cuéntame otra vez"

Ismael Serrano nació en Madrid el 9 de marzo de 1974, Hijo del poeta y periodista Rodolfo Serrano, estudió Física en la Universidad Complutense de Madrid y en esta época empezó a tocar en los locales madrileños del circuito de la canción de autor, como el Libertad o Galileo, dándose a conocer hasta el punto de que la coexistencia entre ciencia y música se hizo incompatible y dejó sin concluir una carrera universitaria que le estaba comenzando a desencantar. En 1997 grabó su primer álbum, Atrapados en azul, en el que recuperaba la canción protesta y que incluye su canción más conocida, Papá cuéntame otra vez y otros temas como Vértigo o Un muerto encierras. Con su primer trabajo consiguió el disco de platino en España y se dio a conocer en América Latina (disco de oro en Argentina).
 
Credencial de Ismael Serrano como alumno de la Universidad Complutense de Madrid
La figura del cantautor siempre se ha definido por su conciencia social y la canción protesta, como fue en su momento con la generación de cantautores españoles en los últimos años de la dictadura franquista. Ismael Serrano se incluye en esta figura de persona concienciada que canta a los problemas del mundo e intenta buscarles solución, y anima a sus oyentes a buscar ese otro mundo posible. Ya con su primer disco, con Papá cuéntame otra vez intenta dar un toque de atención a esas mentes jóvenes que han perdido el espíritu combativo de generaciones pasadas.
Ismael ha escrito canciones a muchas de las causas sociales existentes en el mundo, como la guerrilla zapatista en México insurgente, las víctimas de la represión de las dictaduras Argentina y Chile en A las madres de Mayo y Vine del norte respectivamente, las guerras en Oriente Próximo, la lucha por la República en España y la recuperación de la memoria de la Guerra Civil y muchos otros temas. Así como ha colaborado en multitud de conciertos benéficos, discos o conciertos homenaje.

"Esta canción va para ti... para los que estáis aquí, para los ausentes,por tantos años, por acercarme a la certeza de que otro mundo es posible. Porque vosotros sabéis como yo, que los que antes de ayer morían en Vietnam, ayer lo hacían en Bosnia, y hoy lo hacen en Bagdad. Canta conmigo... Papá Cuéntame Otra Vez"






domingo, 15 de diciembre de 2013

Resumen capítulo IV. Libro de Sweezy.

La relación entre producción de mercancías y capitalismo no es tan fácil y clara como parece: el capitalismo implica la producción de mercancías, pero ésta no implica necesariamente el capitalismo. Bajo este sistema productivo la propiedad de los medios de producción corresponde a un conjunto de individuos, mientras que el trabajo manual lo realizan otros. En la producción de mercancías, las relaciones entre propietarios tienen el carácter de relaciones de cambio, mientras que en el capitalismo a éstas hay que añadir las relaciones entre propietarios y no propietarios. Además, en el sistema capitalista la fuerza trabajo es considerada como una mercancía más, añadida a la provisión de factores productivos. Otra diferencia importante entre los dos sistemas económicos y productivos es que, en la producción simple de mercancías, los individuos empiezan con mercancías, las convierten en dinero y, finalmente, adquieren nuevas mercancías (M-D-M); en el sistema capitalista, en cambio, se empieza por el dinero, se adquieren nuevas mercancías y, por último, se venden estas mercancías para producir e ingresar una mayor cantidad de dinero (D-M-D’). Este incremento de dinero es lo que Marx llama plusvalía y que constituye el objetivo, la finalidad ultimo de todo capitalista. Esta plusvalía tiene origen en la nueva mercancía a disposición de los capitalistas: la fuerza de trabajo. Sin embargo, esta mercancía se procede de una “mercantilización” de los seres humanos, quienes venden su capacidad productiva a cambio de dinero; de aquí la dificultad en establecer un precio de mercado a esta mercancía tan peculiar. Según Marx, el valor de la fuerza de trabajo debe determinarse por el tiempo de trabajo necesario para la producción de una unidad; más especificadamente, para Marx el valor de la fuerza de trabajo es el valor de los medios de subsistencia necesarios para el mantenimiento digno del trabajador. De esto se deduce, por lo tanto, que el valor de la fuerza de trabajo se reduce al valor de una cantidad más o menos precisas de mercancías ordinarias y corriente.

Según el análisis económico de Marx, la plusvalía no puede surgir del mero proceso de circulación de mercancías; asimismo, los materiales que entran en el proceso productivo tampoco pueden ser la fuente de la plusvalía. Por lo consiguiente, ésta deberá proceder de la fuerza trabajo, la nueva “mercancía” teorizada por Marx. Esto es así porque las unidades producidas por el obrero durante su jornada laboral no sólo cubren los costes salariales, sino que también exorbita esta producción, haciendo que todas las unidades adicionales sean producidas fuera del coste. En otras palabras, la jornada de trabajo puede dividirse en dos partes: el trabajo necesario y el trabajo excedente. Esta última parte es la que proporciona la plusvalía al capitalista, dado que en esta fase el trabajador está trabajando más de lo que le correspondería por convenio. Por lo tanto, lo específico del capitalismo es la forma que asume la explotación de una parte de la población por otra, a saber la producción de plusvalía. 


Todo esto implica un análisis más profundo del valor de las mercancías. De hecho, podemos distinguir tres partes: el capital constante(c), el capital variable (v) y la plusvalía (p). La primera parte representa el valor de la maquinaria y los materiales usados; la segunda se refiere al valor de la fuerza de trabajo, mientras que la tercera sería el excedente de producción, que se queda en las manos del capitalista. La suma de los tres valores daría como resultado el valor total de la mercancía.

De esta ecuación (la columna vertebral del planteamiento económico marxista) se deriva el concepto de la tasa de plusvalía (la proporción de la plusvalía respecto al capital variable), que sería la forma capitalista de lo que Marx llama la tasa de explotación, o sea la proporción de trabajo excedente con respecto al trabajo necesario. Numéricamente, la tasa de explotación es idéntica a la tasa de plusvalía y pueden ser utilizados como sinónimos; sin embargo, cabe recordar que el primer es el concepto más general aplicable a todas las sociedades de explotación, mientras que el segundo solo se aplica al capitalismo. La magnitud de esta tasa es determinada por tres factores: la duración del día de trabajo, la cantidad de mercancías que entran en el salario real y la productividad del trabajo.

El segundo concepto derivado de la ecuación marxista es la medida de la relación del capital constante con el capital variable en el capital total usado en la producción. Marx llama a esta relación la composición orgánica del capital, que sería una medida de la amplitud en que el trabajo es provisto de materiales, instrumentos y maquinaria en el proceso productivo.

Sin embargo, hay un concepto que es crucial para el capitalista y su sistema productivo: la tasa de ganancia. Ésta se define como la proporción de la plusvalía con respecto al desembolso total de capital. Su ecuación matemática sería p/ (c+v). Los factores que determinan esta tasa son los mismos que influyen sobre la tasa de plusvalía y la composición orgánica del capital. Asimismo, como en el caso de la plusvalía, también en el de la tasa de la ganancia se supone la igualdad general entre las industrias y las empresas, aunque si la experiencia real parece confutar y rechazar esta hipótesis. En efecto, esta igualdad se basa en tendencias reales existentes en la producción capitalista, que nacen de la fuerza de la competencia. Sin embargo, en la realidad podemos observar como las empresas tienden a formar oligopolios o incluso monopolios, lo que impide afirmar que la ley del valor de Marx sea correcta en todos los ámbitos. Ahora bien, según los críticos de Marx, el hecho de que la ley del valor no sea válida en el orden económico capitalista depende, según Marx, de un factor o serie de factores que oculta la esencia del capitalismo. Suponiendo que la composición orgánica del capital fuese la misma en todas las esferas de la producción, la ley del valor controlaría directamente el cambio de mercancías sin detener la explotación de los obreros por los capitalistas y sin reemplazar su deseo de ganancia

lunes, 2 de diciembre de 2013

Ensayo sobre la ceguera.

José Saramago es uno de esos escritores imprescindibles. Conocido activista social y Premio Nobel de literatura en 1998, no se consagró como escritor hasta los 58 años. Es entonces cuando comenzó a publicar obras sin descanso, alcanzando un total de 40 escritos entre poesía, teatro, ensayo y novela. 

Tal vez una de sus mejores obras  sea la que voy a comentar en esta entrada: Ensayo sobre la ceguera. Saramago publicó esta novela en 1995 y el mismo la definió como "una novela que plasmaba, criticaba y desenmascaraba a una sociedad podrida y desencajada". El estilo peculiar del autor queda plasmado en esta obra; escrita sin signos de exclamación y puntuación, omitiendo los nombres de los personajes y sin recalcar guiones de diálogos como estamos acostumbrados normalmente. Pese a ello, este estilo tan depurado y único hace que te sumerjas aún más en la novela y resulte un placer leer a Saramago. 



Un hombre queda ciego repentinamente. Esta no es una ceguera usual, sino que es una ceguera en la que todo se ve blanco, "como un mar de leche". Sin saber que desencadenará una epidemia de ceguera mundial, el hombre atrae la atención de otros esperando ayuda. La enfermedad se propaga y en este ambiente hostil comienza a sacar a flote los más bajos instintos de los seres humanos. En la historia seguiremos las “aventuras” de un personaje muy especial, pues es aparentemente inmune a la ceguera que se ha desatado en la ciudad. La esposa del médico que atendió al primer ciego decide “hacerse la enferma” con tal de seguir a su marido al campo de concentración (manicomio) en el cual el gobierno, bajo el pretexto de “seguridad nacional” ha encerrado a los enfermos. Es aquí donde la historia se desata. Tratados como verdaderos animales, los ciegos intentarán sobrevivir a este ambiente hostil que los deshumaniza lentamente. 

Mediante esta historia, Saramago lanza una brutal crítica al sistema capitalista y su individualismo como principio básico. La mujer, en un primer momento privilegiada porque puede ver, es la encargada de narrar la historia y guiar a los enfermos. Es entonces cuando percibe que el individualismo no les permitirá sobrevivir y por lo tanto pasan por la necesidad de organizarse. La organización colectiva es el único método de supervivencia (es aquí donde realiza su mayor crítica al sistema capitalista y a su pensamiento individualista). A lo largo de la novela, la mujer verá como surgen y se desarrollan relaciones de poder y como las personas se deshumanizan hasta tal punto que desearía quedarse ciega para no ver tanta miseria.


Finalmente el lector sentirá que la ceguera no es más que “ceguera que simboliza ceguera”, el libro nos dice que las miserias de la humanidad son invisibles para la propia humanidad. Sólo son visibles por personas que poseen una concepción más universal, más panorámica y reflexiva, alejada de cualquier tipo de pensamiento alienante, como la de la mujer del médico. El último párrafo del libro encierra el sentido de la obra, una obra magnífica que recomiendo a todos y todas leer. 

"Creo que no nos quedamos ciegos, creo que estamos ciegos, Ciegos que ven, Ciegos que viendo, no ven"